Educa a tu hijo
Tú no te metas en líos. Si ves una pelea te vas. Si se meten contigo no contestes, ¡que más te da! No vayas con ese niño y ya está.
Estas son algunas de las formas más sutiles de transmitir a
nuestros hijos e hijas que ante la injusticia y el conflicto lo mejor es no posicionarse.
Ser pasivo. En el mejor de los casos observar.
Y es así, con estas sutilezas, como educamos a nuestras
criaturas para que permitan el bullying, el maltrato y lo normalicen hasta el
punto de llegar adultos que ante un conflicto lo mejor que hacen es sacar al
perro a la calle para poder husmear.
No quiero caer en la trampa del egoísmo y recurrir al podrías
ser tú, podría ser tu hijo, podría ser tu hermana. Me niego. Tampoco voy a caer
en el no hagas lo que no quieras que te hagan. Me parecen mantras casposos
que necesitan ser revisados.
Voy a abogar a la responsabilidad moral. No es necesario
tener que imaginarme el peor escenario de mi vida para que me arda el estómago
cada vez que presencio una injusticia. No pienso en si alguien lo haría por
mí, porque ya me ha ocurrido y nadie lo ha hecho. Y eso tampoco me exime de mi responsabilidad
moral.
Abogo a la crianza de criaturas íntegras, activas y empáticas.
Que no actúen por el interés o la presión divina de un karma que le puede traer
de vuelta cómo se comporte con los demás.
Hay que ser buenas personas porque sí. Porque si no, este
mucho ya si que si se va a la mierda.
Así que, por favor, eduquemos a nuestros hijos e hijas bajo una actitud activa, crítica y contraria al abuso. Porque en el bullying no sólo esta el abusador y el abusado, también están los espectadores pasivos que forman parte del dichoso triángulo de abuso.
Y entre esos espectadores, siento mucho decirte, pueden estar tu hijo y el mío.

Leyéndote, no puedo evitar pensar en lo ocurrido hace poco en Sevilla, donde un caso de acoso escolar ha provocado una ola de indignación social que, lamentablemente, ha derivado en nuevas formas de acoso hacia otros alumnos que pueden o no estar implicados en el caso. Es un ejemplo muy claro de cómo el papel del espectador, que tú señalas con tanta claridad, puede transformarse fácilmente en juez o incluso en agresor. Esa reacción, que puede partir del deseo de justicia, termina reproduciendo la misma violencia que pretende condenar.
ResponderEliminarPor eso tu reflexión es tan importante: necesitamos formar ciudadanos y docentes capaces de distinguir entre actuar con responsabilidad ética y responder con venganza. Educar para intervenir de forma compasiva, crítica y constructiva ante el conflicto es un gran reto de nuestro tiempo.
Querida Ana Belén, de ahí nace esta publicación. Es inevitable relacionar esa situación con lo que estamos aprendiendo en el máster. El respecto hacía el alumnado pero también el acompañamiento y cuidado de su infancia y adolescencia.
EliminarComo madre, también me hizo pensar. "Quizá no esté siendo con mi hija lo clara que debo ser respecto a este tema". Así que previa publicación, me senté a hablar con ella y explicarle la situación. Y quise compartir esta reflexión.
Gracias por leerme, un gran abrazo.
Seyla