Revolución humana
Todo el mundo tiene un hecho de peso que cambia su forma de vivir la vida, de ver la vida, de expresar la vida. Para muchas personas este hecho estará ligado a la muerte, parece que cuando la tenemos cerca nos hace ser conscientes de lo que somos pero también de lo que queremos ser.
Para mi, este hecho no fue uno sino muchos en muy poco tiempo. O quizá si fue solo un hecho, un acto, una decisión, que desencadenó toda una serie de acontecimientos posteriores...No fue una muerte literal pero si metafórica. Dejé de ser yo, dejé se ser la que era, para ser quien soy.
Me divorcié por amor. Por amor a mi hija y por amor a mí misma. Si, primero fue por amor a ella... porque no quería normalizar una situación de no-amor como si lo fuera. Y ya, después, llego el amor a mi misma. Porque pensé que mi hija merecía una madre sana y feliz con la que crecer. Y yo no era nada de esas dos cosas. Ahora si, ahora lo soy todo.
Vengo de un mundo en el que no eres si no es con un hombre a tu lado. Así que tuve que bajarme de ese mundo. Tuve que construir uno propio, uno nuevo, en el que ser siendo sola. En el que construirme de nuevo.
Y elegí ser feliz, elegí ser consciente y vivir de forma plena. Elegí ser honesta y no comprar productos de Mr Wonderful. Elegí serme fiel y quererme mucho. Quererme como nadie me había querido.
Durante todo este tiempo mi vocación, creatividad, curiosidad y mi necesidad de hacer cosas constantemente (nuevas, conocidas o inventadas) me llevaron a aferrarme a mi profesión como al mástil más alto cuando se hunde el barco. Encontré en mi alumnado la sonrisa que necesitaba en mis días más tristes, en mis compañeras de trabajo el abrazo que más abriga cuando llega el frío emocional y en el hábito de estudio la paz y el sosiego de tener una rutina, de saber que va a pasar.
Han pasado más de 10 años y sigo sintiéndome agradecida por haber sido valiente, por el crecimiento que de esa decisión nació, por ser quién soy. Satisfecha por haber sabido escucharme, por abrazarme a la meditación en lugar de al vino (que podría haber pasado...jajaja) para aquietar mi mente y calmar mi cuerpo. Y por tener la profesión más bonita del mundo. Esa en la que siempre hay alguien que te regala una sonrisa, un abrazo o un "mamá" que se escapa por equivocación, que te llena de vida.
Fruto de esa etapa "marqué" mi cuerpo. Porque mi piel es como un libro de recuerdos de épocas pasadas, hazañas vividas y batallas ganadas. A veces, cuando me pierdo, me miro a mi misma y me recuerdo quién soy. Porque, a pesar de todo, me sigo perdiendo. Y encontrando. Más o menos como una vez al mes...

Gracias por compartir un relato tan personal y emocionante de tu vida que puede inspirar a muchas mujeres. Se trata de aprender a querernos más allá de las fórmulas sociales que nos han enseñado culturalmente.
ResponderEliminarGracias Ana Belén.
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