Educación para (¿toda?) la ciudadanía
No dejo de pensar en cuánto de capacitista puede tener hablar de construcción del aprendizaje a través del trabajo dialógico o del proceso reflexivo a través de las lecturas de distinta índole.
Cuando proponemos este tipo de aprendizajes yo me planteo ¿Y
quién no se comunica en el mismo código? ¿Y quién no llega a establecer diálogo
(y mucho menos reflexivo)? ¿Y quién no tiene adquirida la lectoescritura, ni la
tendrá? ¿Y quién no tienen la capacidad de reflexionar?
El capacitismo tiñe nuestra sociedad porque empapa nuestro
sistema educativo. Desde la Educación Infantil a la Universidad y viceversa. Viceversa porque es en la Universidad donde se forman los docentes que atenderán la diversidad de las aulas, empezando por la Educación Infantil.
Quizá deba explicar que es el capacitismo para quien no lo
sepa, así será más fácil entender de lo que hablo. El capacitismo es una forma
de discriminación hacia las personas que tienen distintas capacidades, ya sean
motoras, cognitivas, neurodivergentes o sensoriales.
Pongamos el caso de una persona con distinta capacidad cognitiva a la que estima la media. Una persona que no tiene la capacidad de elaborar un diálogo de manera plena y mucho menos reflexiva pues ya sabemos que el nivel y la profundidad de reflexión van de la mano de la capacidad de pensar, de la metacognición. ¿Estaríamos dejando fuera de la expectativa de aprendizaje a esta persona?
De la misma forma, podemos imaginar que una persona dentro del espectro autista quizá tampoco tenga dichas habilidades aun teniendo un nivel de desarrollo cognitivo dentro de la media.
Mi reflexión respecto a esto es que hablamos de Creación de una Ciudadanía Global y de las distintas estrategias para llegarla a cabo, pero seguimos dejando fuera de este marco a las personas con discapacidad.
Tenemos en cuenta a otras minorías vulnerables de exclusión como son las personas migrantes, pero no a las que tienen discapacidad.
No podrá haber democracia sin inclusión. No puede haber
convivencia sin inclusión. No podemos hablar de ciudadanía sin inclusión.

Tu reflexión plantea una cuestión muy relevante y necesaria. Pones el foco en un límite que a veces queda poco explicitado cuando hablamos de diálogo, reflexión o construcción compartida del conocimiento, y lo haces desde una preocupación ética clara: quién queda dentro y quién puede quedar fuera de estos planteamientos.
ResponderEliminarAl mismo tiempo, al leerte me parece que das por hecho que la capacidad de reflexión o de participación en el diálogo está directamente determinada por la capacidad cognitiva en términos más normativos. Quizá ahí podemos abrir más el concepto. ¿Y si el problema no es tanto quién puede o no reflexionar, sino cómo estamos definiendo y esperando que se dé esa reflexión? Es decir, tal vez el reto no sea renunciar al diálogo o a la reflexión, sino ampliar sus formas, reconocer otras maneras de comunicación, otros tiempos, otros lenguajes, otras formas de participación.
Me gusta mucho la propuesta que haces. Toda la razón, quizá debamos explorar esas otras formas de comunicación, no solo el lenguaje oral que es en la que normalmente recae el aprendizaje dialéctico en el que solemos depositar las dinámicas más reflexivas.
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