Ciudadanía global y pertenencia
Durante estos meses me ronda mucho una palabra. Esto me pasa a menudo, que aparecen palabras que se vuelven insistentes como si quisieran ser comprendidas en otra magnitud, en otra intensidad o de otra forma a cómo antes las entendía.
La palabra es pertenencia. Relaciono pertenencia con ser
parte de algo. Maslow (1943) habla de la afiliación, el sentido de pertenencia, el
afecto, el amor… como una necesidad básica del ser humano. Pero ¿sabemos en
nuestro propio ser lo que significa pertenecer? ¿sabemos lo que supone para el
desarrollo de una labor, por ejemplo, participar en este máster sin ir más
lejos, el hecho de pertenecer? Y, más importante aún, ¿sabemos cómo se siente
al no pertenecer?
Pertenencia.
PER-TE-NEN-CIA.
Para mí, la pertenencia se relaciona de forma directa con la
motivación, con las ganas de estar, de hacer, de participar. Eso es pertenecer. O al menos eso me ha ocurrido. Si eres invisible para qué participar.
¿Acaso no
es la pertenencia la principal competencia del ciudadano global? ¿Podría ser
este un ejemplo de un contenido teórico, pero no llevado a la práctica?
Pertenencia. ¿Impertinencia?
¿Cómo se cohesiona un grupo? ¿Cómo se promueve la
pertenencia? No lo sé, pero pienso mucho sobre ello. Porque llevo meses
intentando encajar en un lugar que no está hecho para mi participación.
Esta sensación me ha llevado a estar enfadada, me sentí
enfadada con el máster lo cuál redujo aún más mi motivación y me llevó a estar
más y más lejos de los contenidos, las clases y las personas.
Siempre le explico a mi hija que no todo puede depender de
nuestra motivación y que cuando ésta falla lo que entra en juego es la disciplina.
Es esta disciplina la que me ha mantenido semana tras semana viendo clases a
las que no les encontraba sentido ni con las que me sentía conectada.
Esto me llevó a sentirme triste, porque a mi me mueve el corazón y no se hacer las cosas si no es desde la emoción. Y no conectaba con mi emoción. Ahora no.
Sin embargo, durante todo este tiempo un pequeño
hilo de amistad se ha ido convirtiendo en una fuerte cuerda que me ha sostenido, me ha animado y me ha devuelto la motivación, la esperanza (sobre esta palabra también pienso mucho, como Byung-Chul Han, aunque él lo hace mejor) y energía para reengancharme y continuar con las clases.
Bea* me salvo. Ella no lo sabe, pero Bea me salvó. Bea me dió la pertenencia que yo necesitaba, porque, aunque ella no lo va a decir creo que
también se sintió como yo. Por otros motivos, pero también estuvo fuera del
grupo.
Bea me ha enseñado, sin quererlo, que la teoría de las
clases debe aplicarse a tu día y que, para ser buena ciudadana global, primero
hay que ser empática, mirar alrededor y ayudar a quien lo necesita. Y yo lo necesitaba.
Ella ha dado sentido a la palabra pertenencia. Es buena compañera y ha mirado cerca para poder mirar lejos. Yo también soy parte de la ciudadanía global. ¿De qué sirve mirar tan lejos si no vemos a los que tenemos alrededor?
Bea me ha dado un espacio y un lugar en las clases que creí
perdido. Me escucha, me lee y me da feedback. Existo.
Así que tomándome la licencia de que este es mi espacio y lo
creé para hablar desde el corazón, esta entrada la dedico a mi querida
compañera, haciendo un pequeño homenaje como hizo Mitch Albom con su viejo
profesor pero en versión reducida.
Profesores del máster, si me leéis, la máxima nota para mi
amiga, por favor. La merece. Es creadora de valor, y le sale solo. Eso aún la hace más grande.
*Anotación para el/la lectora ajena al master y no sepa
quien es Bea. Bea es un ser de luz que rebosa alegría energía y sabiduría. Es
una de mis compañeras de Máster y también me acompaña en mis procesos y mis alegrías.

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