Nivel 2

¡Pues venga, que ya estamos en el nivel 2 del 21XP y hay que seguir jugando!

Veo las cartas de mi nueva baraja y tengo claro por donde empezar: Radio-Patio. Consiste en mirar a través de mi ventana y observar a mis vecinas de enfrente y alrededores. A partir de ahí hay que inventarles historias.

Mientras comienzo con la observación son varios los pensamientos que me llegan. Mi abuela pasaba horas sentada en una silla asomada a su ventana corriendo el riesgo de que la llamaran cotilla. La verdad es que le gustaba un salseo más que nada en el mundo. Ella siempre decía “yo no tengo la culpa de que mi ventada de a esta calle”.

Cada vez que miro por la ventana en plan cotilla me viene esa frase a la cabeza y no puedo evitar reírme.  Este pensamiento me hace saltar a otro en esa misma terraza, jugando con mi primo a crear cabañas con las cortinas. Agarrándolas con pinzas a la ventana, cuerdas y otros artilugios que utilizábamos.

Seyla, céntrate que te vas del juego.

He pasado un rato inventado historias, algunas menos inventadas que otras porque a algunos vecinos los conozco. Los del sexto son de Sirya, he pensado cómo sería su vida allí antes de venir y he sentido pena.

Debajo de mi casa hay un banco en el que se sientan con los perros a beber y fumar. Me ha resultado curiosos pensar en historias para esa gente. ¿y si son artistas famosos pasando desapercibidos? Tipo Banksy o algo así. O piloto de avión que en su tiempo libre se hace pasar por gente de barrio un poco cascada ya. ¡O multimillonarios buscando una experiencia real life en Vallecas!

Radio Patio


Lluvia, ¿Juegas conmigo?

No me gusta ir a centros comerciales, me agobian. Pero a veces no me queda más remedio. Así que hoy, para hacerlo más ameno lo convertimos en juego. ¡Correcaminos!

Sabes esos grandes pasillos llenos de gente que hay en los centros comerciales, pues hemos ido adelantando gente cual correcaminos.

Hemos recorrido así los pasillos en varias ocasiones en distintos trayectos, me ha resultado divertido pues Lluvia iba conmigo, intentando llevar mi ritmo y en ocasiones me alcanzó. Se ha convertido en una pequeña carrera entre las dos y nos hemos reído bastante.

Qué curioso que a la gente no le ha sorprendido nuestra rapidez por los pasillos. Imagino que en este mucho loco lleno de prisas no era tan extraño ver a dos personas andando como si no hubiera un mañana.


Como vivo en un sexto piso se prestaba bastante bien intentar el reto del Flexor en Acción. Aprovechando que bajo a Socio a la calle varias veces al día he estirado mucho este reto para trabajarlo de manera continuada. Tengo que reconocer que al principio me daba bastante miedo caerme, porque bajaba lo más rápido posible. Subir, no. Subir me cuesta bastante más. A veces Socio se me cruza y casi la liamos… Tras varios días haciéndolo la agilidad ha mejorado, y soy capaz de bajar los escalones de dos en dos.

Me he cruzado en varias ocasiones con vecinos que han alucinado un poco, incluso me han advertido del riesgo de caída. Y de mi edad, ¡como si yo no la supiera! Esto me ha hecho penar que el juego en adultos no está visto. Es poco menos como si estuviera loca. Claro que mis vecinos no son los más jugones del mundo… regañan a los niños y niñas de la urbanización por pintar con tiza en el suelo o jugar al balón. Me sentí una niña más de la urba regañada. Pero, por otro lado, me ha gustado notar como mi agilidad mejoró en poco tiempo. También me ha hecho pensar que a mí me gusta el juego motor. Me gusta el deporte, altar, bailar, el movimiento. Noto que con este tipo de juegos disfruto más que con juegos más pasivos. También me gustan los creativos, como el de inventarme las vidas de mis vecinos de enfrente, en ese también he disfrutado mucho.

Reto Flexor

He vuelto a cambiar cartas, esta vez con una desconocida. Me parecía más divertido que cambiar con mis compis de siempre. Una chica que se llama Laura. Pero resulta que ella estaba en otro nivel así que no ha servido de nada y he tenido que cambiar cartas con mis compañeras de siempre. Supongo que son cosas que pasan cuando cambiar cartas, que te puedes equivocar.

¡Vamos con la baraja Estrella!

Me he subido en el coche decidida a saludar a todo el que pudiera en ese pequeño embotellamiento mañanero que me encuentro cada día llegando al cole. Pero no lo he hecho, no me he sentido cómoda saludando a personas desconocidas, la verdad. Mi único saludo ha sido a las familias que esperaban la ruta para ir al colegio. Las veo cada mañana y siempre pienso en saludarlas y hoy lo he hecho. 

En vista de que esto no me hacía sentir cómoda, vamos, que no me arrancaba yo a saludar a desconocidos, he mutado de este juego a otro: código secreto. Yo tengo una versión parecida, que es sumar los números de las matrículas, si dan 15 me pongo contenta. Cómo tengo dificultades con los números (discalculia) me ayuda a practicar. Nunca había pensado hacerlo con las letras. ¿O sí? Mientras juego me doy cuenta de que ya he jugado a esto. Mi anterior coche tenía de matrícula GZL y para recordarlo yo siempre decía Gazela. Me salen muchas palabras, me resulta divertido y una estrategia conocida. Me resulta muy complicado recordar letras cuando no tienen un contexto (dislexia) y utilizo estrategias parecidas. Me siento más cómoda con este juego. Si, quizá la interacción con desconocidos no es lo mío. Me gusta jugar con Lluvia, con Jorge, pero no soy atrevida para interactuar con los demás.

 

¡Buenísimo jugar a muteado!

Lluvia, Jorge, durante la tarde no podemos hablar, es un desafío del 21XP. Porque el 21XP ya se conoce en mi casa de sobra, claro. Hemos puesto como norma no usar lengua de signos porque por aquí sabemos un poco y me parece trampa.

Muchísima risa, mucha. Durante el trascurso de la tarde hemos tenido que concretar otras normas según evoluciona el juego. ¿Se pueden hacer onomatopeyas? Decidimos que sí. Nos ha parecido más divertido.

Es curioso como cada cual tira de sus estrategias. Lluvia por ejemplo nos llevaba hasta lo que quería y lo señalaba. También ha utilizado la técnica de deletrear en la espalda para decirnos que necesitaba comprar una cosa para el instituto.  Jorge se atoraba más y hacía grandes aspavientos con manos, incluso brazos. Y yo me manejaba bastante con las manos, haciendo dibujos en el aire.

Además de divertido me ha gustado mucho ver todas las posibilidades comunicativas que surgen aun sin lenguaje oral. Como maestra de audición y lenguaje pongo mucho el foco en la comunicación y me fijo y reflexiono en cuestiones de este tipo. Creo que este es un juego que puedo llevar a cabo en alguna formación para explicar que la comunicación va más allá de lo verbal.

 

Mi última elección me gusta mucho, la tenía guardada para el final pues he preferido hacer primero cartas que quizá me iban a costar más. Y he hecho bien, porque llego a este punto un poco agobiada.

Se va acabando el tiempo para presentar las evidencias y veo que voy con el tiempo justo. Tengo la sensación de tener que buscar el hueco para jugar y cada vez se hace más difícil. Esto me lleva a pensar que, si el juego es obligado, deja de ser juego. También que hay momentos en los que una está más animada a jugar y otros en los que la vida adulta y la responsabilidad arrasa y cuesta jugar. Quizá es por esto por lo que los adultos dejan de jugar en parte.

Puede parecer fácil sacar un hueco para jugar, pero cuando no tienes ese hueco ni para ti… Cuando tienes que quitarle horas de sueño a tu día para intentar llegar a todo es complicado encontrar ese espacio. Que pena, por otro lado, que la vida adulta arrolle ese lado tan bonito de las personas.

Me dispongo a retrasmitir para la cadena ReportesTv la Vida una maravillosa realización y puesta en práctica de una gran receta llevada a cabo por el gran Chef Jorge. Si, vemos como el gran Chef Jorge coge la cebolla y poco a poco la pela, con sumo cuidado y espero, dejando las pieles a un lado. Esperamos que esas pieles lleguen a su destino: la basura, queridos oyentes y no tengamos que presenciar el enfado descomunal de su conviviente. Pues, les puedo asegurar, no les gustaría…

Evidentemente no avisé a Jorge de que iba a ser retrasmitido, lo cual le ha hecho mucha gracia. A mí también. He encontrado una manera sutil y animada de decirle que, por favor, recoja las cosas que va dejando cuando cocina. Que tela…

Tengo una versión parecida a este juego que es la de hacer un musical. Normalmente voy radiando las cosas o expresando situaciones y opiniones cantando. Lo hago desde hace muchos años y a Lluvia le encanta. A veces nos contestamos la una a la otra así, en plan dúo.

Este juego me gusta porque entra en juego (nunca mejor dicho) la creatividad. No hay que implicar a desconocidos (esto lo he aprendido en juegos anteriores) y me permite jugar rápidamente, sin mucha parafernalia ni preparación.

Este nivel me ha costado más por falta de tiempo. Parece que cuando una no dispone de tiempo, darle espacio a jugar es costoso. No estamos acostumbradAs a ello. Y lo digo con A, porque también he observado que Jorge tiene mucho menos reparo en parar su vida para echar una partida que yo. Creo que es inevitable sentir el peso del género en esto, como en casi todo en la vida. Es posible que mientras a mí me obligaban a hacer las camas, a mía y la de mis primos, el estuviera jugando a la consola. Como hacían mis primos mientras mi abuena me obligaba a mí a hacerles la cama.

 

 

 

 

 

 

 

 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Personas que crean valor: Lola

Antesala de Proyectos de Aprendizaje y Servicio

Yo, asíncrona